• En plena temporada de frío, una dulce tendencia que desafía la lógica cobra fuerza en Roma: el helado servido caliente.
Este postre, conocido como helado caliente, combina contrastes de temperatura y texturas, transformando un dulce tradicional de verano en un consuelo perfecto para los días fríos, demostrando que los dulces no tienen en cuenta el calendario.
El origen de este postre único se remonta a 2013, cuando Giampaolo Grazioli, un maestro heladero italiano afincado en Nueva Zelanda, sorprendió al mundo con una creación única en su heladería de Auckland: un helado de chocolate y avellana envuelto en una fina capa de chocolate negro atemperado que, tras un breve calentamiento en el horno durante 40 segundos a 150 °C, se vuelve crujiente por fuera, mientras que el interior se mantiene cremoso y fresco. ¿El resultado? Una explosión de sensaciones que ha inspirado a muchos artesanos a experimentar con esta paradoja gustativa.
En Roma, la tendencia ha cobrado forma recientemente con el lanzamiento de "Il Gelato Caldo di Roma" en Giuffrè Forno & Gelato, en su nueva ubicación en el elegante barrio de Prati. Concebido como un postre ideal para paseos urbanos, se presenta en forma de vaso portátil: una generosa capa de zabaione humeante, sobre la que flota una bola de helado fresco, todo cubierto con una crema batida rica y consistente.
Alessandro Giuffrè, el artesano creador de la idea, afirma que su pasión por el zabaione, heredada de la infancia, lo impulsó a crear esta combinación. La nata montada se prepara con esmero, combinando la nata fresca con el mascarpone para lograr una textura densa, y los toques finales provienen de polvos decorativos: uno dorado, que evoca el brillo navideño, y otro de frambuesas liofilizadas, que aporta un toque ácido y refrescante.

Sin embargo, no es una novedad absoluta en la Ciudad Eterna. El helado caliente también se ha incluido en la carta de la famosa Gelatería Fassi, una de las más antiguas de la capital. Aquí, la versión clásica se asemeja más a un semifrío aireado o una suave mousse, disponible en sabores como vainilla delicada, chocolate intenso, gianduja cremosa o frutos rojos frescos.
El secreto de su preparación, explicado por Andrea Fassi, reside en la ausencia de leche: la base es nata montada con azúcar, a la que se añade, para darle sabor al zabaione, una mezcla de yemas de huevo, azúcar y vino Marsala cocinada a fuego lento, delicadamente incorporada. Servido a temperatura ambiente o ligeramente templado, este postre sigue siendo una opción apreciada por los iniciados, aunque no forme parte del menú de forma permanente.
El helado caliente demuestra así que las fronteras entre lo frío y lo caliente, lo tradicional y lo innovador, pueden desdibujarse con éxito en nombre del placer gastronómico. En pleno invierno romano, cuando el aire es limpio y frío, esta creación ofrece no solo un deleite gustativo, sino también una experiencia sensorial única: un verdadero triunfo del arte del helado italiano.
Fuente del artículo: Il gelato caldo che accende Roma: le versioni da assagiare
Artículo escrito por Gabriela Dan, editora en jefe Arta Albă
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